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Bélgica y las adopciones ilegales: en la búsqueda de progenitores

Bélgica se encuentra confrontando un pasado doloroso. Durante las décadas de 1950 a 1980, alrededor de 30,000 niños fueron adoptados ilegalmente en el país, en colaboración con organizaciones cristianas y la Iglesia católica. Estos niños nacieron en Francia, donde la ley permite partos anónimos sin revelar el origen de los descendientes. Existía una red que facilitaba la entrega de bebés a familias interesadas a cambio de dinero. Actualmente, las víctimas buscan respuestas y reparaciones.

Un grupo de personas ha recurrido a Facebook para buscar a sus madres biológicas, detallando sus circunstancias al nacer en Francia y ser luego adoptados por familias belgas. Este fenómeno, que afectó a unas 30,000 personas entre 1950 y mediados de los años 1980, revela la existencia de una práctica única en la Unión Europea: los partos anónimos.

Dar a luz en Francia

Individuos como Christophe de Neuville y Donatienne Cogels, nacidos en Francia y adoptados a través de la asociación Thérèse Wante, buscan desesperadamente conocer sus orígenes. Estas adopciones ilegales eran facilitadas por una red que involucraba a ginecólogos, pediatras y autoridades públicas, y se realizaban en clínicas privadas para luego ser adoptados por familias belgas.

"Salvar al pequeño del mal"

Christophe relata una infancia difícil tras ser llevado a Bélgica por su familia adoptiva. Sufrió el rechazo de su entorno y la falta de aceptación dentro de su propia familia. Donatienne también experimentó las dificultades de no conocer su origen y lidiar con una identidad incompleta.

Ley del silencio

Donatienne y Christophe han enfrentado obstáculos en su búsqueda de respuestas, encontrando una ley del silencio tanto por parte de las autoridades como de la propia organización responsable de estas adopciones ilegales. La herida del abandono y la falta de identidad los persigue a lo largo de sus vidas.

Una organización muy presente

La asociación Thérèse Wante, implicada en estas adopciones ilegales, no ha brindado respuestas a las víctimas que buscan conocer la verdad sobre su pasado. Se confirma la existencia de una red que mantenía un control sobre las familias adoptivas y los niños adoptados.

Reconocimiento a medias

La Iglesia Católica ha pedido perdón por los hechos ocurridos en Flandes en relación a las adopciones ilegales, pero la presión por la verdad y la justicia continúa en aumento. El gobierno federal belga ha reconocido formalmente la existencia de estas adopciones ilegales y se espera una investigación independiente.

Christophe y Donatienne mantienen viva la esperanza de encontrar a sus madres biológicas y cerrar así una herida que ha permanecido abierta por décadas.

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